sábado, 1 de octubre de 2016

El amor no es una ciencia exacta


No me basta con fórmulas ya prescritas
y respuestas sigilosas
en aras de rutina y
sobre sinceridad a medias,
porque podría volverme marea
que arrastre la arena seca.

No me basta con previsiones certeras
que desconocen
lo que nos atravesará en cada momento,
al igual que no se puede prever
los días
de lluvia (fina).

Porque la vida no es precisa, ni concreta.


La vida también es estallar a carcajadas,
morirse en un silencio,
hundirse en un requiebro,
renacer de un agujero,
encogerse de forma acorazada
y ponerse por montera el mundo entero.

Lo que quiero decir es que 
podría agarrarme
de cualquiera de tus lágrimas
para subir hasta el cielo
y encontrar la nube 
que lleve tu ola.

Que no necesito contar
de tu cuerpo
los lunares
para querer beberme a tragos
tu universo;
ni saber:
cuánto pesa tu mochila
cuánto llevas esperando
o cuánto te hirieron.

Porque podría también volverme aire

que llenara los vacíos
de todos tus desalientos;

uno más o uno menos.

La vida, 
la vida son cortes de garganta,
el fuego de las ceremonias,
dormir a deshoras,
gritar al vacío,
reírse de sí mismo,
sobrepasar las normas que ya no (nos) funcionan

Y si me apuras, hasta excederlas.


Porque la vida no es precisa, ni concreta

Y yo
quiero jugar con brisas y vendavales
y volverme cometa.
Y allí arriba
convocar a todos los pájaros de la ciudad
a referéndum
para que decidan qué día enseñarnos a volar;

a mí me da igual…

Que yo,
de todo lo que el viento no rompe a la altura de los sueños,
me quedo con tu mirada de ojos grandes
me llevo tus escalofríos envueltos
en piel de seda….

Lo que quiero decir es que
quiero llamar amor al amor
que te pongas sonrisa de noche
y llevarte a bailar a otro mundo.

La vida no se deja bordear
para quien no arriesga.
La vida, 
la vida
es salir de la autopista,
luchar en desventaja,
probar ingredientes sin receta,
atravesar frentes de frío ártico,
cuidar el todo por el nada,

guardar un corazón
a capa y espada.

Pero yo quiero 
que la vida
sea también prolongarnos en el tiempo.
Y confesarte que mi mayor desorden es haberte conocido
casi por sorpresa.
Lo que quiero decir es que la vida también es eso
es azar,
es contingencia.

Y tú qué harás cuando entonces
te des cuenta
de que la ciencia exacta ya no te sirve
porque yo siempre puedo ser 
más.




domingo, 14 de febrero de 2016

Bruselas sin ti

Bruselas sin ti es más fea que nunca
y su gris hace envejecer tres veces más rápido
mis recuerdos.

Las calles parecen guardar secretos
que todavía no nos hemos contado
y empiezo a dudar si alguna vez nos hemos besado
en la Grand Place.

Me gusta pensar que tus ojos curiosean
-como curiosean siempre-
el efecto de tu ausencia en mí
e intento sonreír cuantas veces puedo.

Entonces,
para contrarrestar la pena
se prevé que dos de cada tres días
la ciudad llorará lágrimas finas
-de esa lluvia que no moja del todo pero molesta-
y yo sé que ella lo hace por ti,
y por mí.

Me acuerdo de tu fuerte respiración
que ahora no me sopla,
ni me salva,
ni desespera a mi insomnio;
y me envuelven las sábanas en una pesadilla
de la que no quiero saber más.

Porque al décimo día
ya no sé si podré recordar
cómo hacían tus intrépidas pestañas sacudiendo todo
este polvo
en mis mejillas;
no habrá rastro de tu nariz en mis cristales;
ni se empañarán mis gafas con algún
beso invernal.

Y ahora puedes tener en cuenta o no
este poema,
pero que sepas que cuando tú te vas
Bruselas se vuelve fea,
fea,
fea.


miércoles, 13 de enero de 2016

Vuela


Los hombres tienden a cerrar sus caminos,
sus fronteras,

así que tú

vuela, vuela,

y solo hay dos caminos para poder volar:

por agua y por aire,
a través del cielo y el mar.

Pero cómo ha de hacer
si a pesar del vuelo
le pesa la condena del deseo de regresar,

aunque el suyo no sea.

Pero cómo ha de hacer
si le pesan
los planes que le trazan
para cuando regrese,
para
que

vuelva.

Nadie puede saber
adónde van los pasos.
Entonces,
¿por qué nos pesan?
Si son sólo huellas
lo que dejan
de cuanto nos pasa,

¿a dónde vuelas?

Yo
solo invento
caminos
buscando casa.

Yo no soy de quienes se preguntan
cuál es su lugar
sino
de averiguar
dónde tiene el suyo
el propio mundo.

¿Cuáles son los lugares
del futuro?

Yo soy hija de exiliados de una lucha
a la que siempre vuelve,
y comparto también
el dolor de los que se quedan.
Porque el que se va,
aunque no lo sepa,
aunque no quiera,
caerá cautivo en la trampa
de la tierra a la que deja.

Sin embargo es tarde,
ahora ya no me quedan solo
dos maletas.
Pero el vuelo es largo
y las distancias aprietan.

¿En qué podríamos convertirnos?
¿En qué dejaremos 

que nos conviertan?

Yo quiero poder tener la sutileza
de no deber migrar a ninguna parte,
sino hacia algún lado,
teniendo como única riqueza

la fuerza de mi propia edad

de la que a veces dudo.

¿Y si lo que quisieran separar 
son nuestros cuerpos?
¿fragmentar todos 
los 
afectos?

Si lo que se añora es sólo el espacio
conocido, es en esto
que mi nostalgia es solo una consecuencia
de mi ausencia
de ti.
Porque no puedo vivirlo de otra forma
yo que vengo de tu mismo ser y estar,
del nuestro.

Con nuestras ganas de volar.

Ahora llego
y la melancolía es para el otoño
y el frío,

pero habrá que sobrevivir
a todos los naufragios.


*Poema escrito en el marco del proyecto Colectivos de escritos. Publicación bilingüe "Exils/Exilios" con ScriptaLinea aisbl.  Compilación completa aquí 

domingo, 27 de septiembre de 2015

Desasosiego


Sosegado,
un hombre
camina en paralelo a las vías de un tren
siguiendo meticulosamente su línea recta.

No le asusta perderlo,
porque no lo busca.
No le pesa el equipaje,
porque viaja sólo con lo puesto.
Nada altera su paso,
porque no tiene prisa.

Camina de espaldas a su encuentro;
aguardando a que el mismo tren,
al que ni siquiera espera,
le atraviese por unos segundos
la paz
que ya ta(n)mpoco le compensa.

El viento le golpea la espalda,
le sacude la ropa,
pero no lo empuja.
Todo sobrevive.

Y el señor le pregunta,
siempre a la misma hora,
la misma duda

pero el viento hasta que no pasa el tren,
nunca responde,
sólo susurra.


jueves, 6 de agosto de 2015

Cuando tenga un trabajo fijo


Cuando tenga un trabajo fijo,

prometo que renovaré toda mi ropa interior,
guardaré en un cajón mis camisas "bohemias",
dejaré de ponerme la chaqueta vaquera
de cuando tenía 16 años,
por mucho que la defienda
como vintage,
y me compraré un pijama sexy;
iré a un peluquero bueno,
pagaré visitas puntuales al dentista,
te invitaré al cine
e incluso a la ópera
-que sé que nunca has estado-
y, al menos dos veces al mes,
te descubriré algún restaurante que no conozcas
y, por supuesto,
pagaré yo.

Cuando tenga un trabajo fijo,

presumiré de normalidad y rutina ante tus padres...
en las cenas de Navidad
nunca llevaré a la mesa más de un plato a la vez,
para que nunca
se me note que en algún momento de mi vida
fui camarera
y con tu familia sólo hablaré de mi trabajo,
-aunque me vaya mal
y no me guste-
pero para que todos sepan,
que ya tengo un trabajo fijo.

Y entonces,
llevaré reloj para sentir todavía más
que ya tengo horarios;
utilizaré la agenda por días,
tal vez me convierta en una persona organizada,
quizás duerma ocho horas diarias
incluso puede que me acuesta a las diez como contigo
-que dicen que hasta media noche son las horas que más cuentan-
y me compraré un despertador
solo para golpearle fuerte todos los lunes,
porque, por fin,
habré recuperado los fines de semana.

Dejaré de inventarme cada vez
una profesión delante de tus amigos
-de esa tan alta esfera europea-
para ver qué conversación dura más;
y le chuparé el culo a mi jefe
para tener yo también una de esas primeras veces
que todo el mundo tiene,
supongo.

Cuando tenga un trabajo fijo

compraré bio
y café y champú del bueno.
Habrá llegado el momento de cambiar mis cereales insípidos
por algo bien cargado de azúcar
porque podré pagarme un gimnasio;
y te invitaré a comer carne y pescado en casa
todas las semanas,
aunque para entonces tal vez hayas conseguido
hacerte vegetariana.

Cuando tenga un trabajo fijo

podremos escaparnos más de un fin de semana,
viajaremos en Iberia porque sí
y mandaré al carajo mis puntos ALSA,
dejaré de mentir con mi edad para conseguir reducciones
y me haré un selfie con mi primer bonometro.
Porque me compraré un smarthphone,
ya no seré tu contacto caro,
podremos hablar por el whatsapp ese,
utilizaré google maps 
y no llegaré tarde a los sitios
por haberme perdido
y tener que llamarte
porque en invierno la ciudad se deshabita.

Me recuperaré de todos 
mis regalos atrasados
y dejaré de regalarte poemas 
y trabajos manuales,

quiero decir,
hechos por mí.

Pero mientras tanto, cariño,
tendrás que conformarte
con lo único que puedo ofrecerte:
un corazón bruto.


jueves, 23 de abril de 2015

Mi refugio


Tu ausencia es un agujero
en mi cama.

El precipicio erótico
del deseo desnudo y
salvajemente fuerte
de mi sexo,
mis manos
y todo mi tacto.

La caída
de mi fuego inútil,
privado de espacio
donde arder
con la llama
y la mujer
que eres tú.

lunes, 13 de abril de 2015

El olor del viento Norte


Estando recién llegado,
dime,
de quién,
de qué,
de dónde,
voy a beber aquí.

Las nubes a qué huelen,
la gente hacia dónde vuela
y en qué copa te esconderás,
me hundiré,
nos beberemos.

Yo vengo de un lugar
lleno de horizontes de olores
según la dirección de los vientos,
de todos.

Yo de otro,
no quiero,
no bebo,
no huelo.

Pero si tú también vienes
y también te haces pasajero
intenta encontrar un desorden
en el que hacerte
el quieto.

jueves, 9 de abril de 2015

Te quise desvestir en un sueño


Hubo hombros desnudos,
transparencias,
tropiezos con el cierre
de tu sujetador.

Deslices de tus bragas,
por tus piernas,
que como carreteras me condujeron
en mi exceso de velocidad
hasta
tu fuego.

Hubo corazas afuera,
cicatrices cosidas a fuerza de
sensualidad
y desenfreno;
labios carnosos de besos y besos tras otros,
tras otros,
tras otros,
tras otros,

restos de carmín y prohibición.

Morbo en las orejas,
y susurros pendientes como llamadas
sin respuesta
por motivo de ocupación
inconfesable.

Hubo quemarropa y prisas
desleales a cualquier tipo de romanticismo
inventado.
Palpitaciones como arenas movedizas
arrastrándonos
a nuestro destino insalvable subcutáneo;
y pieles y olas de calentones
a las que intentar agarrarse,
sin éxito,
para allí permanecer.

Calor,
escalofríos,
escándalo,
tirones de pelo:
"¡Dame más,
vamos,

que llego!"

y gritos tatuados con eco
en las paredes
insostenibles
de mi cuarto.

Sábanas sonrojadas de la vergüenza
puritana
de nuestro cometido
acto
en la X del subconsciente
enigmáticamente resuelta a
orgasmos.

Y hubo también huellas
de acrobacias que acabaron en
aplausos
de las ganas
de tus huesos
de acercarse
más.

No hubo entrelíneas que leerse,
comprenderse
o imaginarse
a pie de cintura y
hubo sólo roces
como pinceladas
para completar
nuestro proceso osmótico.

Y hubo clímax
de los de doblarse
hacia
dentro...

tras la manipulación,
de dos cuerpos
en la concepción
de la escena

de un crimen perverso
a mi deseo

perfecto.


Hubo incendio,

sin rescate moral,

pero con salida de emergencia
por la puerta
de atrás,

de mi desvelo.


domingo, 5 de abril de 2015

No vuelvas


Y ahora si quieres,
no vuelvas.

Que los versos me crecen a raudales
y siembran de plenitud
y de enredos
los renglones de la hoja
en blanco
que hiciste caer en tu otoño
en mi campo azul.

Y ahora si quieres,
no vuelvas.

No marchites las raíces
que sin fruto renovaron otra tierra
en la que quedarse a ser.

Y ahora si quieres,
no vuelvas.

Que tu ausencia es sólo humedad
en estas líneas y ya se me han secado
las lágrimas
de esperar
verte
volver.

jueves, 26 de febrero de 2015

De cuando te (a)largas


Mi vecina de arriba es cantante de ópera y
ensaya tres veces al día.

En una de ellas,
utilizo su voz para cubrir mi propio ruido.

Esta mañana al despertar,
me he asustado de mi andar de puntillas
y mi espejo se ha burlado de mí,
mirándome a la cara.

El ascensor se ha averiado.
Los dos últimos escalones del edificio
me han desaparecido,
e imaginaos.

Los mapas me han cambiado las calles de sitio
y me he cruzado con un paso de cebra,
que me ha hecho sentirme prisionera
de un sólo camino.

En una esquina he encontrado
a un tipo que vendía jacintos marrones
-los jacintos marrones no existen-
y he comprado un ramo para nuestro aniversario.

Por la avenida mis vaqueros se han fijado en otras piernas.
           Aquí llueve demasiado para que tú no estés...

Me han regalado dos entradas para el cine,
en el supermercado sólo quedaban filetes para dos,
y también te escribo este poema
en dos columnas.

Las tazas de café en mi escritorio se han marchado de juerga
y me han dejado aquí.
La luz de la farola de mi calle
se ha convertido en el sol de mis días.
Y me quema igual.

Definitivamente,
me tendré que acostumbrar a mí.

Mi vecina de arriba vuelve a cantar.

Y no sé por qué,
se me ha acumulado en el ombligo
el polvo que me debes.