jueves, 5 de julio de 2018

Pacto de color

Tu sangre es de color púrpura,
dueles cuando eres ausencia,
te vas por un momento,
eres otra
y desobedeces mi sueño.

Tus ojos son marrón cerezo,
miras a la vida hacia dentro y hacia afuera,
soplan tus pestañas, tus deseos;
y unas veces creas futuro
y otras, quedas atrapada,
y yo

salvo tu sueño.

Con un poco de mi púrpura y mi cerezo.

Otras, tantas veces,
cuando te vas
el púrpura se vuelve sangre
el cerezo endulza una mirada

y quedan en blanco estos versos.

Volcán

Volcán de ira,
márchate despacio,
a escondidas,
sin dejarnos fuego.
Volcán de ira, 
de rabia,
de prisas
 y de ruegos.   

sábado, 30 de junio de 2018

Cuando puedas

Necesito que me digas
que el sueño se despertará de buena mañana,
que las olas bailarán conmigo,
con mis piernas buenas
con tu sonrisa armada.

Necesito que me digas
que nuestra costumbre será una fiesta.
Mi travesura: tu almohada.
Tu afán: mi meta.

Necesito que me lo digas,
que no repares en palabras.
Necesito algo,
un olvido,
una promesa.
Solo inténtalo,
tocarme de esa manera.

Y cuando así el sueño despierte
y yo tocarlo pueda,

te llevaré a bailar conmigo
y con mis piernas buenas.




lunes, 18 de diciembre de 2017

Cosas azules


Quiero que seamos azul
como una ola
un beso de invierno y la nieve.

Como un suspiro acallado
tu pecho desnudo y el equilibrio
un swing en una gota,
el océano y el horizonte.

Que seamos una casa azul
como un recién nacido
y un perdón.

Azul

como el tiempo y la quietud
nuestra edad y la luz

y las aves,

como una manada de besos.

En definitiva, cosas azules.




miércoles, 4 de octubre de 2017

Día ladrón


Como si no fuera mío
un día se escapa.

Fuera de esta prisión
aquellos colores
ya no me pertenecen.
Y lo siento cada vez que rehago mi piel
en cada esquina vuestra,

sin ser mía.




sábado, 1 de octubre de 2016

El amor no es una ciencia exacta


No me basta con fórmulas ya prescritas
y respuestas sigilosas
en aras de rutina y
sobre sinceridad a medias,
porque podría volverme marea
que arrastre la arena seca.

No me basta con previsiones certeras
que desconocen
lo que nos atravesará en cada momento,
al igual que no se puede prever
los días
de lluvia (fina).

Porque la vida no es precisa, ni concreta.


La vida también es estallar a carcajadas,
morirse en un silencio,
hundirse en un requiebro,
renacer de un agujero,
encogerse de forma acorazada
y ponerse por montera el mundo entero.

Lo que quiero decir es que 
podría agarrarme
de cualquiera de tus lágrimas
para subir hasta el cielo
y encontrar la nube 
que lleve tu ola.

Que no necesito contar
de tu cuerpo
los lunares
para querer beberme a tragos
tu universo;
ni saber:
cuánto pesa tu mochila
cuánto llevas esperando
o cuánto te hirieron.

Porque podría también volverme aire

que llenara los vacíos
de todos tus desalientos;

uno más o uno menos.

La vida, 
la vida son cortes de garganta,
el fuego de las ceremonias,
dormir a deshoras,
gritar al vacío,
reírse de sí mismo,
sobrepasar las normas que ya no (nos) funcionan

Y si me apuras, hasta excederlas.


Porque la vida no es precisa, ni concreta

Y yo
quiero jugar con brisas y vendavales
y volverme cometa.
Y allí arriba
convocar a todos los pájaros de la ciudad
a referéndum
para que decidan qué día enseñarnos a volar;

a mí me da igual…

Que yo,
de todo lo que el viento no rompe a la altura de los sueños,
me quedo con tu mirada de ojos grandes
me llevo tus escalofríos envueltos
en piel de seda….

Lo que quiero decir es que
quiero llamar amor al amor
que te pongas sonrisa de noche
y llevarte a bailar a otro mundo.

La vida no se deja bordear
para quien no arriesga.
La vida, 
la vida
es salir de la autopista,
luchar en desventaja,
probar ingredientes sin receta,
atravesar frentes de frío ártico,
cuidar el todo por el nada,

guardar un corazón
a capa y espada.

Pero yo quiero 
que la vida
sea también prolongarnos en el tiempo.
Y confesarte que mi mayor desorden es haberte conocido
casi por sorpresa.
Lo que quiero decir es que la vida también es eso
es azar,
es contingencia.

Y tú qué harás cuando entonces
te des cuenta
de que la ciencia exacta ya no te sirve
porque yo siempre puedo ser 
más.




domingo, 14 de febrero de 2016

Bruselas sin ti

Bruselas sin ti es más fea que nunca
y su gris hace envejecer tres veces más rápido
mis recuerdos.

Las calles parecen guardar secretos
que todavía no nos hemos contado
y empiezo a dudar si alguna vez nos hemos besado
en la Grand Place.

Me gusta pensar que tus ojos curiosean
-como curiosean siempre-
el efecto de tu ausencia en mí
e intento sonreír cuantas veces puedo.

Entonces,
para contrarrestar la pena
se prevé que dos de cada tres días
la ciudad llorará lágrimas finas
-de esa lluvia que no moja del todo pero molesta-
y yo sé que ella lo hace por ti,
y por mí.

Me acuerdo de tu fuerte respiración
que ahora no me sopla,
ni me salva,
ni desespera a mi insomnio;
y me envuelven las sábanas en una pesadilla
de la que no quiero saber más.

Porque al décimo día
ya no sé si podré recordar
cómo hacían tus intrépidas pestañas sacudiendo todo
este polvo
en mis mejillas;
no habrá rastro de tu nariz en mis cristales;
ni se empañarán mis gafas con algún
beso invernal.

Y ahora puedes tener en cuenta o no
este poema,
pero que sepas que cuando tú te vas
Bruselas se vuelve fea,
fea,
fea.


miércoles, 13 de enero de 2016

Vuela


Los hombres tienden a cerrar sus caminos,
sus fronteras,

así que tú

vuela, vuela,

y solo hay dos caminos para poder volar:

por agua y por aire,
a través del cielo y el mar.

Pero cómo ha de hacer
si a pesar del vuelo
le pesa la condena del deseo de regresar,

aunque el suyo no sea.

Pero cómo ha de hacer
si le pesan
los planes que le trazan
para cuando regrese,
para
que

vuelva.

Nadie puede saber
adónde van los pasos.
Entonces,
¿por qué nos pesan?
Si son sólo huellas
lo que dejan
de cuanto nos pasa,

¿a dónde vuelas?

Yo
solo invento
caminos
buscando casa.

Yo no soy de quienes se preguntan
cuál es su lugar
sino
de averiguar
dónde tiene el suyo
el propio mundo.

¿Cuáles son los lugares
del futuro?

Yo soy hija de exiliados de una lucha
a la que siempre vuelven,
y comparto también
el dolor de los que se quedan.
Porque el que se va,
aunque no lo sepa,
aunque no quiera,
caerá cautivo en la trampa
de la tierra a la que deja.

Sin embargo es tarde,
ahora ya no me quedan solo
dos maletas.
Pero el vuelo es largo
y las distancias aprietan.

¿En qué podríamos convertirnos?
¿En qué dejaremos 

que nos conviertan?

Yo quiero poder tener la sutileza
de no deber migrar a ninguna parte,
sino hacia algún lado,
teniendo como única riqueza

la fuerza de mi propia edad

de la que a veces dudo.

¿Y si lo que quisieran separar 
son nuestros cuerpos?
¿fragmentar todos 
los 
afectos?

Si lo que se añora es sólo el espacio
conocido, es en esto
que mi nostalgia es solo una consecuencia
de mi ausencia
de ti.
Porque no puedo vivirlo de otra forma
yo que vengo de tu mismo ser y estar,
del nuestro.

Con nuestras ganas de volar.

Ahora llego
y la melancolía es para el otoño
y el frío,

pero habrá que sobrevivir
a todos los naufragios.


*Poema escrito en el marco del proyecto Colectivos de escritos. Publicación bilingüe "Exils/Exilios" con ScriptaLinea aisbl.  Compilación completa aquí 

domingo, 27 de septiembre de 2015

Desasosiego


Sosegado,
un hombre
camina en paralelo a las vías de un tren
siguiendo meticulosamente su línea recta.

No le asusta perderlo,
porque no lo busca.
No le pesa el equipaje,
porque viaja sólo con lo puesto.
Nada altera su paso,
porque no tiene prisa.

Camina de espaldas a su encuentro;
aguardando a que el mismo tren,
al que ni siquiera espera,
le atraviese por unos segundos
la paz
que ya ta(n)mpoco le compensa.

El viento le golpea la espalda,
le sacude la ropa,
pero no lo empuja.
Todo sobrevive.

Y el señor le pregunta,
siempre a la misma hora,
la misma duda

pero el viento hasta que no pasa el tren,
nunca responde,
sólo susurra.


jueves, 6 de agosto de 2015

Cuando tenga un trabajo fijo


Cuando tenga un trabajo fijo,

prometo que renovaré toda mi ropa interior,
guardaré en un cajón mis camisas "bohemias",
dejaré de ponerme la chaqueta vaquera
de cuando tenía 16 años,
por mucho que la defienda
como vintage,
y me compraré un pijama sexy;
iré a un peluquero bueno,
pagaré visitas puntuales al dentista,
te invitaré al cine
e incluso a la ópera
-que sé que nunca has estado-
y, al menos dos veces al mes,
te descubriré algún restaurante que no conozcas
y, por supuesto,
pagaré yo.

Cuando tenga un trabajo fijo,

presumiré de normalidad y rutina ante tus padres...
en las cenas de Navidad
nunca llevaré a la mesa más de un plato a la vez,
para que nunca
se me note que en algún momento de mi vida
fui camarera
y con tu familia sólo hablaré de mi trabajo,
-aunque me vaya mal
y no me guste-
pero para que todos sepan,
que ya tengo un trabajo fijo.

Y entonces,
llevaré reloj para sentir todavía más
que ya tengo horarios;
utilizaré la agenda por días,
tal vez me convierta en una persona organizada,
quizás duerma ocho horas diarias
incluso puede que me acuesta a las diez como contigo
-que dicen que hasta media noche son las horas que más cuentan-
y me compraré un despertador
solo para golpearle fuerte todos los lunes,
porque, por fin,
habré recuperado los fines de semana.

Dejaré de inventarme cada vez
una profesión delante de tus amigos
-de esa tan alta esfera europea-
para ver qué conversación dura más;
y le chuparé el culo a mi jefe
para tener yo también una de esas primeras veces
que todo el mundo tiene,
supongo.

Cuando tenga un trabajo fijo

compraré bio
y café y champú del bueno.
Habrá llegado el momento de cambiar mis cereales insípidos
por algo bien cargado de azúcar
porque podré pagarme un gimnasio;
y te invitaré a comer carne y pescado en casa
todas las semanas,
aunque para entonces tal vez hayas conseguido
hacerte vegetariana.

Cuando tenga un trabajo fijo

podremos escaparnos más de un fin de semana,
viajaremos en Iberia porque sí
y mandaré al carajo mis puntos ALSA,
dejaré de mentir con mi edad para conseguir reducciones
y me haré un selfie con mi primer bonometro.
Porque me compraré un smarthphone,
ya no seré tu contacto caro,
podremos hablar por el whatsapp ese,
utilizaré google maps 
y no llegaré tarde a los sitios
por haberme perdido
y tener que llamarte
porque en invierno la ciudad se deshabita.

Me recuperaré de todos 
mis regalos atrasados
y dejaré de regalarte poemas 
y trabajos manuales,

quiero decir,
hechos por mí.

Pero mientras tanto, cariño,
tendrás que conformarte
con lo único que puedo ofrecerte:
un corazón bruto.